Nada.

Como no tenía nada que hacer, hice un blog.

#14: Flashback

Me tomaste la mano, y llorabas. Dijiste algo que no me voy a olvidar nunca. “Vos sos mi familia”. Lamento demasiado no haberle dado la importancia que merecía en ese momento. Las barreras volvieron a levantarse luego de eso y ahora estoy a demasiada distancia, en kilómetros reales e imaginarios. Pero en mi corazón, de alguna manera, quedó guardado ese momento, donde vos me mostraste quién eras realmente, no la mujer dura que me abraza con su frío, sino la niña inocente y dulce que cree en princesas de cuento. Y me dijiste que era tu familia, semanas antes de olvidarlo. 

#13: Dudas

¿Me imaginás riendo a tu lado? ¿Dormís de un solo costado de la cama por dejar mi lugar? ¿Sonreís recordando mi voz? ¿Mirás algún mensaje viejo que pertenezca a tiempos mejores? ¿Hablás de mi con vos misma? ¿Escuchás nuestras canciones? ¿Leés nuestros libros? ¿Pensás en cómo el mundo es injusto con los que aman tanto?

Yo sí. 

#12: Razones

Te escribo una carta en Word, y la borro al instante. Y de a poco voy desmenuzando los párrafos en entradas de un blog que algunas personas leen. Me preguntás que hago y contesto muchas cosas, te pregunto y decís “Nada”, y a vos esa respuesta te parece lo más natural del mundo. Las razones me indican que esto ya se terminó, y por desidia o costumbre, seguimos con un título que acumula polvo.

Y yo que te creía cuando me dijiste que nunca me ibas a mentir. Mirá hasta que punto dejo atrás mis razones, que chillan sin parar, que ni siquiera dudo de la verdad en tu “te amo” sino que mi reproche es a lo que pasa y no querés ver. 

Pensás que la mentira piadosa acalla las razones en mi cabeza. Y en realidad las enfurece, tanto que arrancan pedazos de mi alma a cada momento.

#15: De tus ojos.

Tus ojos esconden miles de chispas a punto de estallar en cualquier momento. No saben mentir, y a través de ellos puedo adivinar si te sentís feliz o triste. 

Son pequeños cuando te despertás y grandes cuando alguna paloma cruza por delante tuyo. Lloran, rien y me miran divertidos cuando intento practicar alguna cosa en la que soy un verdadero inútil. Tus ojos me iluminan incluso cuando no estamos juntos, porque me enseñaron a ver más allá de mi propia nariz. 

Ayer vi directo a tus ojos y no pude verme reflejado en ellos, ni siquiera vi un poco del amor que antes rebosaba tanto que te hacía llorar.

Vi dos ojos café, y un muchacho destruido.

#10: Palabras y palabras.

"Amor" no suena igual en tus labios que en los míos. Y cuando decís que me extrañás, es como si esas palabras fueran más livianas de lo normal.

El otro día me llegó un mensaje tuyo, y al principio no me di cuenta que era tuyo. Asi de extraña resultás para mí ahora.

Hay palabras que dicen los demás, y palabras que decís vos. Y no suenan igual. 

#9: La lluvia.

Las nubes se acumulan delante de mi ventana y el viento parece que quiere hablarme, pero no puedo entender qué dice. 

Se está haciendo de noche cada vez más temprano.

Recuerdo cuando deseaba que hubiera lluvia para poder estar junto a vos. Ahora tengo miedo de que llueva y no quieras estar conmigo.

Las nubes grises mientras vos allá y yo acá, miramos hacia otro lado.

#8: Nada

Me quedo en silencio y no puedo siquiera oír mi propia respiración. Asi de solo estoy, asi de inútil es buscar algún rastro de presencia dentro mío.

Y pienso que que si ni siquiera yo me reconozco al espejo, ¿cómo voy a lograr que vos me veas como quiero?

#6: Sobre los celos.

Me pregunto con quién hablás, y me importa si alguien está en este momento diciéndote aquellas cosas que te hacen reír. Me preocupa cada segundo que llegue un mensaje tuyo equivocado, que confirme mis sospechas. Me aterra mirar tu blog y descubrir algo que no cuadra conmigo ni con vos, algo nuevo. 

Muerdo mis uñas intentando no escribir tu nombre, como si eso fuera de alguna ayuda. 

#5: De la importencia.

Corro y nunca llego. Grito y no se escucha nada. Golpeo las paredes con mis puños hasta que sangran y no puedo mancharlas de rojo. Mis ojos ya no pueden llorar más, no quieren secarse para siempre. Las piernas me tiemblan todo el día, y el corazón late por inercia. Quiero caminar por las calles vacías hasta la puerta de tu casa y escalar hasta el balcón para regalarte un beso que te haga recordar cuan felices fuimos. Pienso en esa idea y la acaricio en mi mente pensando que podría lograrlo aunque llueva o haga demasiado frío. Y sé que lo haría por vos.

Pero no puedo, porque esta impotencia es tu cemento en mis tobillos, impidiéndome llegar hasta donde estás.